La reina de los jueves: Rosario Suarez Charin.


La Giselle de Charin con Jorge Esquivel en Camagüey.
La función fue un sábado, aunque no puedo precisar la fecha exacta. Rosario Suarez para todos más conocida por Charin recientemente había abandonado el BNC y estaba en la Compañía Ballet Teatro de la Habana que dirigía la inolvidable Caridad Martínez. Esquivel que igualmente había dimitido de aquella compañía estaba en Camagüey como parte de nuestra compañía el BC.
Los balletómanos agramontinos nos quedamos estupefactos del poder que tenían los de los de la capital específicamente de los “adoradores de Charin”. Habían alquilado una guagua – se decía “fletado” – de aquellas antológicas que todos llamaban “colmillo blanco” porque el frio del aire acondicionado era tan intenso que que parecía que uno estaba en el medio de Polo Norte, pues bien ellos se aparecieron al teatro Principal, bajaron de aquella portentosa “guagua” envueltos en mantas, abrigos de piel, chalinas, chales españoles, gorras bolcheviques, bufandas coloridas, grandes fardos donde traían quien sabe que cosas, algunos cargados de flores, regalos envuelto en finísimos papeles para tal efecto, pozuelos con alimentos, agua, un pequeño botiquín, y todo lo menos imaginable para las contingencias que podían presentar en aquel peregrinar desde tan lejos detrás a su Diva. Nunca supimos como fue que se agenciaron, mediante que escaramuza o subterfugio las dos primeras filas de la platea cuando para ver la función de Charin con Esquivel muchos dormimos en la cola la noche anterior y se hizo una inmensa lista que se estuvo “rectificando” dos o tres veces en la madrugada y una ultima “rectificación” a las seis de la mañana. El que no estuviera allí y respondiera al nombre que lanzaba al aire un amigo común lista en ristre, perdía la cola. Para asombro de todos los primeros en entrar a comprar sus entradas salieron espatanados e iracundos: Nadie entendía porque las empleadas de la taquilla decían “las dos primeras filas son de invitados especiales de la Habana”. Pesamos que serían miembros de alguna jerarquía cultural danzaría o de la UNEAC, capaces de ser dignos de tamaña deferencia. Pero no fue así: las dos primeras filas eran increíblemente de los balletómanos de la Habana. Ellos por arte de no entiendo todavía qué ya tenían sus asientos reservados. Nunca se supo cómo lograron ese milagro. Cuando se bajaron de su guagua, enfebrecidos y locuaces inundaron todo el escuálido lobby del Principal con sus atronadores comentarios casi todos sobre Charin y sus grandes proezas técnicas. Algunos, lo recuerdo bien aprovecharon los espejos laterales para acilarse y hasta se rociaban perfume. Vestian indudablemente sus mejores ropas, recuerdo particularmente uno que era de un altura increíble y que parecía ser el líder del grupo cuyos ademanes monárquicos y algo cardenalicios, le daban una categoría como de emperador de aquel gueto. Fue él quien me dijo “imagínate no tenemos un momento se sosiego desde que “la Charin” pidió su dimisión del BNC y aquí estamos tras sus pasos” Recuerdo que alguien le gritó a otro “Oye, ¿y trajiste las tobilleras que Charin te pidió?”. Hablaban de ella con una naturalidad tan natural que parecía como que eran vecinos o simplemente familiares de la bailarina. Indudablemente la adoraban. Nosotros estábamos estupefactos, y hubo hasta algunos balletómanos que sintieron como una afrente imperdonable le invasión inusual y algo injerencista de aquellos otros que venían “muy divinos a hacerse dueños del Teatro y encima de eso acaparar las dos primera filas sin dormir en la cola ni tener y rectificar, y encima con aquellos atuendos “robarnos la imagen”. En mi caso, lejos de sentir hostilidad por aquellos furibundos y pasionales balletómanos me acerqué a casi todos buscando cierta cofradía para enterarme de su vehemente veneración por Rosario : Algunos hasta habían inventado historias dudosas, justificaciones de “una novedad familiar en Camagüey”, una tía que les había dejado un testamento etc. “un sobrino en “las ultimas” argumentos que dieron en sus trabajos para no asistir porque como me dijo uno de ellos con una vehemencia tremebunda “niño como tú crees que yo iba a perderme a “la poderosa”! bailando nada más y nada menos que Giselle y con Jorge Esquivel, que va, este momento es único mi amor, pagamos una fortuna por esa guagua pero aquí estamos fieles a Charin, ella sabe que nosotros su público no la abandonará nunca, fíjate que hasta su comida le trajimos”. Yo quedé anonadado. Muchos de mis amigos no podían evitar cierto recelo contra aquellos impostores que los habían dejado relegados a un segundo plano. Se lanzaron miradas fulminantes cargadas de encono pero la sangre no llego al rio. Nunca olvidaré que uno de ellos me dijo “yo me voy a quejar con el mismísimo Fernando Alonso, no puede ser que estos que nadie los conoce aquí, se agenciaran las dos primeras filas y nosotros que no faltamos nunca a nada, que nos espantamos cuanta función se da aquí tengamos que estar sentados detrás de ellos, de eso nada esto no se queda así” Al hacer su entrada el portentoso Jorge Esquivel los aplausos fueran trepidantes. Elegante, sobrio, duque de Silesia por antonomasia Esquivel hizo galas esa entrada de su gestualidad de noble y su porte de Dios.
Cuando Charin salió de la casita de Giselle aquel teatro se vino abajo, y todo el tinglado de balletómanos adoradores de ella que estaban delante se pusieron de pie, tanto fue el estrépito de la ovación combinada con una alharaca de bravos, que cuando ella hizo el attitude final con la mano puesta cerca del oído todavía estaban aplaudiendo. Ella sin salirse del personaje hizo una ligera inclinación de cabeza que lejos que apaciguar el delirio de sus adoradores, lo que consiguió fue soliviantarlos y de repente volvió el frenesí de aplausos y gritos de “única, bravo, Charitisima, perra” etc. La variación tuvo aplausos de casi seis minutos. Su locura fue un delirio, tuvo alrededor de 9 cortinas cuando toda la compañía queda en esa genial pose estática congelada después que Albrecht se lanza a los pies de su amada arrepentido. En realidad era una función de esas que en que uno percibe una energía especial, sudorosos, latiendo sus corazones a 150 pulsaciones por minutos, sus adoradores casi nos dejaron a nosotros sin espacio en el escuálido lobby del Principal, y nos paraban en comentar proezas técnicas, detalles de estilo, sutilezas que había agregado al rol, movimientos nuevos que ellos no recordaban, mientras con el programa de mano se abanicaban incesantemente ahogados más por la emoción que sentían que por el calor de aquel lugar repleto de personas.
En el II Acto Charin en en la famosa Iniciación con la velocidad de su gran pirruett nos dejó el corazón paralizado. Fue un rugido lo que salió del público. El Principal se estremeció peligrosamente. En pose la reyna de las Willis esperaba que aquello se acabara porque como se conoce nunca Giselle sale a saludar después de una iniciación por una razón además lógica, se rompería el encanto de la obra en sí misma. No puedo decir cuánto duro aquella ovación. Una amiga que estaba a mi lado me comentó “tengo tremendo dolor de cabeza, si siguen con esos exaltados entusiasmos me estallara”
Al terminar la función los balletómanos lanzaron ramos de flores al escenario, le gritaron todos los epítetos que ansía en su vida una bailarina de su público. Divina, única, poderosa, virtuosa, perra, alada, regia, etérea, y hasta aquel que a mi particularmente me dejó sin aliento y que jamás olvidaré: “egregia”. Empapada en sudor Charin y Esquivel saludaban una y otra vez.
Luego afuera del teatro todo aquel conglomerado de balletómanos habaneros la esperaban ansiosos, mientras algunos de nosotros ávidos de enterarnos de secretos de su diva nos acercamos, sé que si algo adora un buen balletómano es exaltar las virtudes, los sacrificios y ser prodigo en detalles sobre la vida de su bailarina predilecta: “ A las cinco de la mañana ella pone su despertador y le da trotando 10 vueltas a la manzana donde vive- nos contaban – por esos sus piernas son fuertes y aguanta no digo yo una “vaquita” de un lado a otro del Lorca, lo que sea aguantan esas piernas, tiene un estómago delicado eso si, hay comidas que le hacen daño, pero se alimenta bien, después que nació su hija Paula pensamos que iba a perder poderío, se lo dijimos parir en una bailarina es un riesgo y grande…. pero nada niño, ella es única, está más perra que nunca, ¿o no la viste? En el documental “Mujer ante el espejo”, ya a los cuarenta días de haber parido acabando…. Eso sí es una bailarina perra, perrona, perrísima, única, ¿tú me estas oyendo? La infeliz que la ponen siempre los jueves, total, ¿para qué? Nosotros salimos de los trabajos directo para el Lorca y el teatro se llena mi amor, que sabes tú, si para “empatarse” con una entrada de una función suya hay que “forrajear duro”, o pagar sobreprecio, pero ¿qué más da? ahora se está alimentando con vegetales, pensamos que eso bajaría su potentes hazañas, pero nada mi amor…. oyeeee y qué fuerza le dan, nosotros no podemos vivir sin ella, que va, si es lo más grande, en “Lago… lo máximo, en Evasión de morirse, ¿nunca viste si reina de las Willys, ay niño que sabes tú lo que te has perdido por dios….que cosa ¿y qué me dices de ella en Coppelia? Ay mi amor, ahí si hay bailarina, a todos nos gusta, es que tú nunca sabes qué diablos va a ocurrírsele en el escenario, es como Alicia que uno nunca sabía nada de lo que iba a hacer en el escenario, ella es así…y siempre tú la vez con su bolso, sencillísima en el vestir, discreta, mas bien tímida la vez y en las colas del agro buscando comida y el esposo no le ayuda para nada, ay qué hombre…” yo los observaba admirado de aquella adoración y convencido de que la mayor parte de aquellos comentarios eran fabulación de esas que siempre los fanáticos crean de sus estrellas amadas. Luego de una angustiosa y larga espera envuelta en esa aureola mágica que ella poseía con el cabello mojado y algo jadeante salió Charin, nuevamente aquella plaza frente al teatro volvió a estremecerse en una ovación y los gritos de “Única, poderosa, egregia, perraaaaaa etc. Hubo alguien que lanzo una especie de lamento en voz alta diciéndole “Ay Charin ¿por qué has hecho esto, porque te nos fuiste? Quizá piensen que soy hiperbólico pero los que estábamos allí saben que fue cierto. Charin provocaba en los espectadores una rara sensación de encanto, era como si hechizara aun a los más incrédulos, ella no tenía un solo balletómano en este país que no la adorara. Eso fue un fenómeno realmente. Abilio Estévez la cita en una sus maravillosas novelas, los actores hablaban de Charin, hasta como dijo Ahmed Piñeiro Fernández las personas que no sabían nada de ballet sabían de ella, es asombroso. A rastras se la llevaron a un extremo del lateral del teatro y ahí empezó de verdad el paroxismo de la adoración, le envolvieron en sus mantas “que la noche esta fría, mujer y te nos enfermas”, abrieron sus pozuelos y “te trajimos comida así que tu tranquila que todo esto es fresco y hecho a tu gusto”. Se reían de recuerdos comunes, ella fue muy atenta con todos, escuchaba mientras comía las correcciones, “tenías que haber cerrado un poco la quinta en el adagio, no sé cómo pudiste subir aquel developpe sin caerte, total todas la cierran un poquito, y dejaste flojo el torso en las vueltas en attitude por pique del I acto”… si mal no recuerdo Charin estaba hospedada en el Hotel Camagüey y cuando un carro la llevaba hacia allá detrás, como en un procesión, iba aquel “colmillo blanco” con todos los balletómanos. Quedamos atónitos. Después se corrió el rumor en la ciudad que habían hecho una gran fiesta para la diva en la piscina de dicho Hotel, donde todos ellos tenían habitaciones reservadas, que hubo una gran gresca entre dos balletómanos porque se creían merecedores de las zapatillas de aquella función y que la gran Charin terminó dándole una sola a cada uno para evitar males mayores. Durante muchos días la “comidilla” del ambiente intelectual y balletístico en Camagüey fue aquella memorable función de Charin y sobre todo de aquel ejercito de balletómanos tan teatrales y que fieles a ella habían sido casi más protagonistas que la misma Charin de aquella memorable función de la única Giselle con Esquivel que Rosario Suarez bailó maravillosamente en Camagüey.

Ángel Padrón Hernández.
damas314.wordpress.com
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